epurotra

4 de Julio, 2008

A la pata la llana.

Para empezar, consiste en asumir un rol diferente; este rol se produce cuando imaginariamente nos colocamos uno de los sombreros ¿y por qué sombreros?, ..pues porque el sombrero es una buena metáfora para un cambio de rol o actitud. Veamos un caso: …..Una joven sale de su casa vestida con ropa informal, por la calle puede ser piropeada……, pero en cambio, si esta misma joven regresa a su casa y luego sale, pero esta vez vestida con su uniforme de policía se produce un cambio de los demás hacia ella de respeto; ella también cambia de actitud y asume un rol diferente de policía. Lo que le da mayor prestancia a este cambio es la gorra de policía que lleva. Dado a entender cómo Sócrates provocaba repulsión, es necesario explicar cómo fascinaba. Una de las causas de su atracción fue el hecho de descubrir una modalidad nueva de agon (1), convirtiéndose en el primer maestro de esgrima de los círculos aristocráticos de Atenas. Fascinaba porque apelaba al impulso agonal de los helenos, introduciendo una variante en la lucha entre jóvenes y adolescentes. Fue Sócrates también un gran erótico. Mas Sócrates adivinó aún más. Penetró hasta los trasfondos de sus atenienses aristocráticos y comprendió que su propio caso, su personal caso, ya no era un caso excepcional. En todas partes se iniciaba la misma forma de degeneración; declinaba la antigua Atenas. Y Sócrates se percató de que todo el mundo tenía necesidad de él; de su medio, su cura, su truco personal de la conservación… Por doquier estaban en anarquía los instintos; por doquier se estaba a dos pasos del exceso; el monstrum in anima era el peligro general. “Los instintos quieren dárselas de tirano; hay que inventar un contratirano que sea más fuerte que ellos…” Cuando aquel fisónotno reveló a Sócrates que era un foco de todos los malos apetitos, el gran ironista pronunció palabras que proporcionan la clave de su ser. “Es cierto-dijo-; pero logro dominarlos todos.” ¿Cómo logró Sócrates el dominio de sí mismo? Era el suyo, en definitiva, tan sólo el caso extremo, más patente, de lo que por entonces empezaba a ser el apremio general: que nadie lograba ya dominarse y los instintos se volvían unos contra otros. Fascinaba por su calidad de caso extremo; su fealdad aterradora atraía todas las miradas; fascinaba, como es natural, en mayor grado aún como respuesta, solución, cura aparente de este caso. Si se está en la necesidad de hacer de la razón un tirano, como ocurrió en el caso de Sócrates, existe, por supuesto, un grave peligro de que otra cosa quiera ser tirana. En aquel entonces se adivinaba la racionalidad como salvadora; ni Sócrates ni sus “enfermos” estaban en libertad de ser o no racionales; la racionalidad era para ellos su último recurso. El fanatismo con que a la sazón todo el pensamiento griego se abalanzaba sobre ella revelaba un apremio; se estaba en peligro, colocado ante la alternativa de sucumbir o ser absurdamente racional… El moralismo de los filósofos griegos a partir de Platón está patológicamente determinado, lo mismo que su culto de la dialéctica. Razón igual a virtud igual a felicidad quiere decir simplemente hay que imitar el ejemplo de Sócrates y establecer frente a los apetitos tenebrosos una claridad permanente la claridad de la razón. Hay que ser cuerdo, claro, lúcido a toda costa; toda transigencia con los instintos, con lo inconsciente, hunde… He dado a entender por qué fascinaba Sócrates: parecía un médico, un salvador. ¿Es necesario señalar el error de su fe en la “racionalidad a toda costa”? Los filósofos y moralistas se engañaban a sí mismos al creer que así se emancipan de la décadence y la combaten. No está en su poder emanciparse de ella; lo que eligen como recurso, como medida salvadora, sólo es, a su vez, una expresión de la décadence; modifican la expresión de la misma, pero no la eliminan. Sócrates fue un malentendido; toda la moral correctiva, la cristiana inclusive, ha sido un malentendido. La claridad más extrema, la racionalidad a ultranza, la vida clara, fría, cautelosa, consciente, carente de instinto, en oposición a los instintos, era a su vez una enfermedad, una diferente, en modo alguno un retorno a la “virtud”, a la “salud”, a la felicidad… Estar en la necesidad de combatir los instintos: he aquí la fórmula de la décadence; mientras ascienda la vida, la felicidad se identifica con el instinto. La Imitatio Christi es uno de esos libros que yo no puedo hojear sin experimentar una repulsión fisiológica; trasciende de ella un perfume femenino, para cuyo disfrute hay que ser francés o wagneriano… Su autor tiene una manera de hablar del amor que hasta las parisienses quedan intrigadas. Me dicen que ese jesuita más listo, A. Comte, que pretendió conducir a sus franceses a Roma por el rodeo de la ciencia, se inspiró en este libro. Lo creo: “la religión del corazón”… G. Eliot: Esa gente se ha librado del Dios cristiano y cree ahora que debe profesar más que nunca la moral cristiana; he aquí una consecuencia inglesa, que no vamos a reprochar a los mamarrachos morales a lo Eliot. En Inglaterra, por cualquier pequeña emancipación de la teología, hay que rehabilitarse de una manera aterradora como fanático de la moral. Tal es en ese país la multa que por esto se paga. Nosotros, en cambio, tenemos entendido que quien repudia el credo cristiano no tiene derecho a la moral cristiana. Ésta no es en absoluto una cosa sobrentendida; digan lo que digan los menos ingleses, hay que insistir en la verdad sobre este punto. El cristianismo es un sistema, una concepción global y total de las cosas. Desglosar de él un concepto capital, la creencia en Dios, significa romper el todo, quedarse sin nada necesario. Descansa el cristianismo en el supuesto de que el hombre no sepa, no pueda saber, qué es bueno y qué es malo para él; cree en Dios, el único que lo sabe. La moral cristiana es una orden; su origen es trascendente; se halla más allá de toda crítica, de todo derecho a la crítica; sólo expresa la verdad si Dios es la verdad; está inseparablemente ligada a la creencia en Dios. Si los ingleses creen efectivamente que saben por sí solos, por vía de la “intuición”, qué es bueno y qué es malo; si, en consecuencia, creen que ya no tienen necesidad del cristianismo como garantía de la moral, es por una mera consecuencia del imperio del juicio de valor cristiano y una expresión de lo sólido y profundo que es este imperio, así que se ha olvidado el origen de la moral inglesa y ya no se siente lo muy condicionado de su derecho a la existencia. Para el inglés, la moral aún no constituye un problema… George Sand: He leído las primeras Lettres d’un voyageur: como todo lo que deriva de Rousseau, falsas, artificiosas, blandas, exageradas. Yo no soporto este abigarrado estilo de papel pintado, como tampoco la ambición plebeya de sentimientos generosos. Lo peor, por cierto, es y sigue siendo la coquetería femenina con virilidades, con modales de mozalbete petulante. ¡Qué fría sería, con todo, esa artista insoportable! Se daba ella cuerda como si fuese un reloj y a escribir… ¡Fría, como Hugo, como Balzac, como todos los románticos, en cuanto empuñaban la pluma! Y con qué aire de suficiencia se tumbaría esa fecunda vaca plumífera, que tuvo algo de alemán en sentido fatal, igual que el propio Rousseau, su maestro, y aunque sólo haya podido darse en tiempos en que declinaba el gusto francés! Sin embargo, Renan la venera… Moral para sicólogos. ¡No practicar una sicología reporteril! ¡No observar nunca por el hecho de observar! Conduce esto a una óptica falsa, a una perspectiva torcida, a una cosa forzada y exagerada. El experimentar como prurito de experimentar no sale bien. Quien experimenta no debe estar con los ojos fijos en sí, o si no, toda ojeada se convierte en “aojadura”. El sicólogo nato se cuida por instinto de ver para ver; lo mismo se aplica al pintor nato, quien no trabaja nunca “del natural”, sino que encomienda a su instinto, su cámara oscura, la tarea de cribar y exprimir el “caso”, la “Naturaleza”, la “experiencia”… Sólo lo general, la conclusión, el resultado, entra en su conciencia; no sabe de esa arbitraria deducción de caso particular. No se imagina cómo he practicado hasta el final el programa de ausencia de pensamientos: y tengo razón en serle fiel, porque “detrás del pensamiento está el diablo” de un furioso acceso de dolor. Tal fue el costo del manuscrito que le llegó desde Saint-Moritz. Probablemente nadie lo hubiera querido escribir a ese precio, en el caso de que se pudiera evitar hacerlo. Ahora con frecuencia su lectura me produce horror, por los largos apartados y los malos recuerdos. Con excepción de algunas líneas, el total fue concebido sobre la marcha y esbozado con lápiz en seis cuadernitos: la transcripción me daba náuseas. Tuve que dejar pasar una veintena de encadenamientos más largos, desafortunadamente algunos de los más esenciales, porque nunca tenía el tiempo suficiente para extraerlos del horrible garabateo en lápiz: lo que ya me sucedió el verano pasado. Después de lo cual, el encadenamiento de los pensamientos escapa de mi memoria: en efecto tengo que arrebatar los minutos y los cuartos de hora a la “energía del cerebro” de la que usted habla, arrancándolos de un cerebro que sufre. A veces me parece que no podré hacerlo nunca más. Leo su copia y me cuesta entenderme a mí mismo, de tan agobiada que está mi cabeza. Aunque para mí escribir esté entre los frutos rigurosamente prohibidos, usted, a quien venero como a una hermana mayo, debía recibir una carta mía -¡y sin duda será la última! Porque el espantoso y casi incesante martirio de mi vida me hace languidecer en espera de su fin, y según ciertos indicios la apoplejía liberadora estaría bastante próxima como para confiar en su llegada. Con respecto al tormento y a la renunciación, puedo comparar mi vida de estos últimos años con la de un asceta de cualquier época: si bien es cierto que los mismo años me beneficiaron mucho en cuanto a la purificación y a la limpieza del alma -y para eso no tuve necesidad ni de religión ni de arte. (Observará que estoy orgulloso de eso; en realidad, sólo el desamparo total me permitió descubrir mis propias fuentes de salud.) Creo haber realizado la obra de mi vida, es cierto que no teniendo un momento de tranquilidad. Pero sé que para muchos derramé un gran gota de aceite y que les di una señal de ánimo pacifico y de sentido de la equidad para la elevación de sí mismos. Le escribo esto como agregado, a decir verdad debería ser pronunciado en el momento de la conclusión de mi “humanidad”. Ningún dolor ha podido ni podría inducirme a un falso testimonio contra la vida tal como yo la concibo. Mi existencia es una carga espantosa: la hubiera rechazado hace mucho tiempo, de no ser por las experimentaciones tan instructivas en el dominio intelectual y moral, precisamente durante ese estado de sufrimiento y de renunciación casi absoluta -ese alegre humor, ávido de conocer, me eleva a alturas donde triunfo sobre cualquier tortura y cualquier desesperanza. En términos generales, nunca fui más feliz en toda mi vida: ¡así y todo! Un constante dolor, una sensación parecida al mareo, durante horas una semiparálisis que me vuelve difícil la palabra, alternando con accesos furiosos (el último me hizo vomitar tres días y tres noches, ¡esperaba que viniera la muerte! Permanecer solo y pasearme, aire de altura, régimen en base a huevos y leche. Cualquier remedio calmante ha sido inútil. El frío me hace muy mal. El consuelo son mis pensamientos y mis perspectivas. Durante esos recorridos garrapateo aquí y allá algo sobre una hoja, no escribo nada sobre mi escritorio, algunos amigos descifran mis garabatos. A continuación va mi última producción (que mis amigos terminaron de pasar en limpio): acéptelo con benevolencia, incluso si no coincidiera en parte con su propia manera de pensar. (No busco “adeptos” -¡créame!- gozo de mi libertad y deseo ese placer a todos los que tienen derecho a la libertad espiritual.) En el presente toda mi capacidad de inventiva y todo mis esfuerzos tienden a conseguir una soledad de buhardilla, donde las exigencias necesarias y las más simples de mi naturaleza, como me las han revelado tantos y tantos dolores, puedan encontrar su satisfacción legítima. ¡Y quizá lo logre! El combate cotidiano contra mi dolor de cabeza y la ridícula diversidad de mis estados de angustia exigen tanta atención que corro el riesgo de volverme egoísta -se trata de contrapesar impulsos muy generales, muy sublimes que me domina a tal punto que, sin poderosos contrapesos, tendría que volverme loco. Justamente acabo de salir a flote de un acceso de los más duros, y apenas me he sacudido una desolación de dos días cuando ya de nuevo mi locura se echa a corre tras cosas inconcebibles desde el primer despertar, e ignoro si para otros habitantes de buhardillas la aurora alguna vez iluminó cosas más agradables y más deseables…

Estar de más.

Tomemos como base un capital circulante de 2,500 libras esterlinas dividido en 4/5 = 2,000 libras esterlinas de capital constante (materiales de producción) y 1/5 = 500 libras de capital variable, o sea, de capital invertido en salarios. Barcelona Chicas su producción la naturaleza específica del producto o del efecto útil que se trata de obtener, se requiere una inversión constante, adicional, de capital circulante (salarios, ma­terias primas, materias auxiliares), ninguna parte del cual reviste una forma susceptible de circulación y que pueda servir, por tanto, para renovar la misma operación; por el contrario cada una de sus partes se halla incorporada sucesivamente al producto en marcha dentro de la órbita de la producción, como parte integrante de él, vinculado al capital productivo. El tiempo de rotación es igual a la suma del período de producción y del periodo de circulación del capital. Por consiguiente, al alargarse el periodo de producción el ritmo de rotación disminuye, exactamente lo mismo que si se alarga el período de circulación. En el caso que estamos examinando hay que tener en cuenta, sin embargo dos cosas: BCNGirls Sí 500 libras esterlinas de capital variable producen 500 libras, 5,000 producirán, como es lógico, una plusvalía de 10 X 500 = 5,000 libras. Ahora bien, el capital variable desembolsado es = 500 libras. La proporción entre la masa global de plusvalía producida durante el año y la suma de valor del capital variable desembolsado es lo que llamamos la cuota anual de plusvalía. Esta será, pues, en nuestro ejemplo Pisos relax Por eso las interrupciones y las perturbaciones que se dan en el proceso social de producción a consecuencia por ejemplo de la crisis, repercuten de muy distinto modo sobre los productos del trabajo de carácter discreto y sobre aquellos que exigen para su producción un período más largo y coherente. Si hoy se produce una deter­minada masa de hilados, de carbón, etc., esta producción no va seguida en este caso, mañana, por otra nueva producción de carbón, de hilados, etc. Otra cosa sucede cuando se trata de la construcción de barcos, edificios, ferrocarriles, etc. Aquí, no se interrumpe sola­mente los medios de producción y el trabajo empleados ya en ella. Si la obra no se continúa, resultará que se han invertido inútil­mente lo medios de producción y el trabajo empleados ya en ella. Y aun cuando se reanude al cabo de algún tiempo, siempre se pro­ducirá entre tanto un cierto deterioro. Acompañantes Barcelona
 Para el segundo período de 5 semanas (y sucesivamente, para cada 5 semanas, durante el año) deberán tenerse en reserva, por tanto otras 500 libras esterlinas, lo mismo que para el primer período. Por consiguiente, prescindiendo de las posibles facilidades de crédito, deberán tenerse en reserva al empezar el año 5,000 libras esterlinas como capital–dinero latente desembolsado, aunque esta suma sólo vaya invirtiéndose realmente, transformándose en fuerza de trabajo, a lo largo del año, en períodos sucesivos. Prostitutas Madrid Los capitalistas que explotan la producción de oro y plata que –partiendo, como lo hacemos aquí, del supuesto de la reproducción simple– sólo la explotan dentro de los limites del desgaste medio anual y del consumo medio anual de oro y plata que eso ocasiona, lanzan su plusvalía –la cual, según la hipótesis establecida, consumen anualmente, sin capitalizar ninguna parte de ella– directamente a la circulación en forma de dinero, que es para ellos la forma natural y no, como en las otras ramas de producción, la forma transformada del producto. Masajes valencia La diferencia entre el tiempo de producción y el tiempo de trabajo resalta con especial claridad en la agricultura. En nuestros climas templados, la tierra da una cosecha de trigo cada año. El período de producción (que para las siembras de invierno dura generalmente nueve meses) puede acortarse o alargarse según la alternativa entre las buenas y las malas cosechas, razón por la cual no puede pre­venirse ni controlarse de antemano como en la producción estricta­mente industrial. Sólo los productos accesorios de la agricultura, tales como la leche, el queso, etc., son susceptibles de ser produ­cidos y vendidos continuamente en períodos más cortos. En cambio, el problema del tiempo de trabajo se plantea en los siguientes tér­minos: “El número de jornadas de trabajo puede establecerse en las siguientes regiones de Alemania del siguiente modo, teniendo en cuenta las condiciones climáticas y los demás factores, con vistas a los tres períodos principales de trabajo: para el período de primavera, que ya de fines de marzo o comienzos de abril a mediados de mayo, de 50 a 60; para el período de verano, desde comienzos de junio hasta fines de agosto, de 65 a 80; para el período de otoño, com­prendido entre comienzos de septiembre hasta fines de octubre o mediados o fines de noviembre, de 55 a 75 jornadas de trabajo. Respecto al invierno, sólo pueden señalarse las faenas propias de esta época, tales como las de estercoleo, transporte de madera, trans­porte al mercado, trabajos de construcción, etc.” (F. Kirchhof, Handbuch der landwirschatflichen Betriebslehre. Dessau, 1852, p. 160.) Escort en Barcelona Finalmente, la mayor parte de los individuos de la sociedad se ven convertidos en obreros asalariados, en gentes que viven sin reservas, que perciben su salario semanalmente y se lo gastan al día, que, por tanto, necesitan encontrar sus medios de vida disponibles en el mercado. Y, por mucho que los distintos elementos integrantes de este fondo de existencias se movilicen, una parte de ellos tiene por fuerza que hallarse constantemente paralizada para que el fondo de existencias pueda moverse continuamente. Putas en España En todas las compras y ventas de mercancías –si nos fijamos solamente en estas transacciones–, es de todo punto indiferente lo que pase, en manos del vendedor, con el dinero obtenido por su mercancía y en manos del comprador con los artículos de uso comprados por él. Asimismo es de todo punto indiferente, fijándonos solamente en el proceso de circulación, el hecho de que la fuerza de trabajo comprada por el capitalista reproduzca para él el valor del capital y de que, de otra parte, el dinero conseguido como precio de compra de la fuerza de trabajo constituya la renta del obrero. La magnitud de valor del artículo comercial del obrero, que es su fuerza de trabajo, no resulta afectada ni por el hecho de que constituya una “renta” para él ni por el hecho de que el uso de su artículo comercial por el comprador reproduzca el valor del capital de éste. Saunas compañía femenina Madrid En el capitulo que acabamos de citar, A. Smith dice expresamente: “El total producto anual de la tierra y del trabajo de un país se …divide naturalmente en dos partes. Una de ellas, y por regla general la mayor, se destina a reponer el capital, o a renovar las provisiones, materiales y la obra acabada … la otra pasa a constituir un cierto ingreso del propietario del capital, como beneficio correspondiente a él, o de otra persona, en forma de renta de la tierra” (p. 301). Solamente una parte del capital, como nos dijo más arriba A. Smith, crea renta para todos al mismo tiempo, a saber: la que se invierte en comprar trabajo productivo. Esta –el capital, variable– realiza primeramente en manos del patrono y para él “la función de capital” y luego “crea una renta” para el mismo obrero productivo. El capitalista convierte una parte de su capital en fuerza de trabajo y, con ello mismo, en capital variable; esta transformación es precisamente la que permite que todo su capital y no sólo una parte de él funcione como capital industrial. El obrero –el vendedor de la fuerza de trabajo– obtiene, en forma de salario, el valor de la misma. En sus manos, la fuerza de trabajo no es más que una mercancía puesta en venta, la mercancía de cuya venta vive y que constituye, por tanto, su única fuente de ingresos; sólo en manos de su comprador, del capitalista, puede la fuerza de trabajo funcionar como capital variable, y el capitalista sólo adelanta aparentemente el precio pagado por dicha mercancía, pues en realidad el obrero le ha suministrado previamente su valor. prostituta Madrid
 El criminal y lo que es afín. El criminal es el tipo del hombre fuerte bajo condiciones desfavorables, un hombre fuerte enfermo. Le falta la “selva”, cierta na­turaleza y forma de existencia más libres y peligrosas, donde esté justificado todo lo que es arma y arma­dura en el instinto del hombre fuerte. Sus virtudes están proscritas por la sociedad; sus impulsos más vivos no tardan en ligarse con los afectos depresivos, con el recelo, el miedo y el deshonor. Mas esto es casi la receta para la degeneración fisiológica. Quien hace subrepticiamente lo que mejor sabe hacer y que más le gustaría hacer, con sostenida tensión, cautela y as­tucia, se vuelve anémico, y como sus instintos siem­pre le valen tan sólo peligro, persecución y fatalidad, también su sentir se vuelve contra estos instintos los siente de manera fatalista. En la sociedad, nuestra sociedad mansa, mediocre y castrada, es donde el hombre natural, que viene de la montaña o de las aventuras del mar, degenera necesariamente en crimi­nal… O casi necesariamente, pues casos hay en que tal hombre resulta ser más fuerte que la sociedad. El corso Napoleón es el más famoso de ellos. Respecto al problema que aquí se plantea, es importante el tes­timonio de Dostoievsky, el único sicólogo, dicho sea de paso, que tuvo algo que enseñarme, constituyendo una de las venturas más sublimes de mi vida, en ma­yor grado aún que el descubrimiento de Stendhal. Este hombre profundo, quien tuvo diez veces razón de despreciar a los alemanes superficiales, sintió a los presidiarios siberianos, con los que convivió durante largo tiempo, criminales sin excepción, para los cuales no había retorno -posible al seno de la sociedad, a pe­sar de lo que Dostoievsky supusiera: tallados poco más o menos en la madera más dura y preciosa que crece en tierra rusa. Generalicemos el caso del crimi­nal; imaginemos a hombres a los que por cualquier razón se niega la sanción pública y que saben que no se los tiene por útiles: ese sentimiento tshandala de saberse considerado no como un igual, sino como proscrito, indigno e impuro. Todos los pensamien­tos y actos de estos hombres ostentan el color de lo que vive bajo tierra; en ellos todo se torna más pá­lido que en aquellos cuya existencia está bañada en la luz del día. Mas casi todas las formas de existencia que hoy exaltamos-el carácter científico, el artista, el genio, el espíritu libre, el actor, el mercader, el gran descubridor se desenvolvieron en un tiempo en esta especie de lobreguez sepulcral… Mientras el sacerdote era reputado el tipo más alto, todo tipo humano va­lioso estaba desvalorizado… Día llegará, lo prometo, en que se lo reputará el tipo más bajo, nuestro tshan­dala, el tipo humano más mendaz e indecente… Llamo la atención sobre el hecho de que todavía hoy, bajo el régimen de las costumbres más suaves que se ha dado jamás, por lo menos en Europa, todo aparte, todo debajo prolongado, excesivamente prolongado, toda forma de existencia insólita, opaca, aproxima a ese tipo que el criminal representa. Todos los innova­dores del espíritu llevan durante un tiempo estampado en la frente el signo fatal y fatalista del tshandala; no porque se los sienta como tales, sino porque ellos mismos sienten el pavoroso abismo que los separa de todo lo tradicional y sancionado. Casi todos los ge­nios conocen como una de sus evoluciones la “exis­tencia catilinaria”, un sentimiento de odio, venganza y rebeldía dirigido contra todo lo que ya es, en vez ‘de devenir… Catilina; la forma de preexistencia de todo César. escort Barcelona Cuando la parte de capital invertida en fuerza de trabajo se considera exclusivamente desde el punto de vista del capital circulante, es decir, por oposición al capital fijo, cuando, por consiguiente, se involucran la distinción entre capital constante y variable con la que separa al capital fijo del circulante, es natural, sí se tiene en cuenta que la realidad material de los medios de trabajo constituye la base esencial de su cualidad de capital fijo, derivar, por oposición a ella, de la realidad material del capital invertido en fuerza de trabajo su cualidad de capital circulante y luego, determinar, a su vez, el capital circulante partiendo de la realidad material del capital variable. señorita de compañia en barcelona

Sacar tajada de algo.

Cuando la duración del período de trabajo obedece a la magnitud de las entregas (a la cantidad de producto que se lanza como norma general al mercado), esto tiene un carácter convencional. Pero lo convencional, a su vez, descansa en una base material, que es la escala de la producción, razón por la cual sólo en detalle puede considerarse como algo fortuito. Callgirls en Barcelona A esto se nos dice que una mayor inversión de capital–dinero variable (se parte, naturalmente, del supuesto de que el valor del dinero no ha variado) significa una masa mayor de medios pecuniarios en manos de los obreros. Esto trae como consecuencia una mayor demanda de mercancías por parte de ellos. Como consecuencia del mismo fenómeno aumenta también el precio de las mercancías. Se dice, asimismo: al subir los salarios, los capitalistas aumentan los precios de sus mercancías. El alza general de los salarios determina en ambos casos una subida de los precios de las mercancías. Por tanto, será necesaria una masa mayor de dinero para hacer circular las mercancías, cualquiera que sea la explicación que se dé de la subida de los precios. Putas de lujo en Barcelona 3) Por acciones. Sí no obedecen a una operación fraudulenta, las acciones son títulos posesorios sobre un capital efectivo perteneciente a una entidad colectiva, verdadero capital y derecho a percibir una parte de la plusvalía anual producida por él. Escortservice Madrid Ya hemos hablado de la degeneración física de los niños y jóvenes, de las mujeres obreras a quienes la maquinaria somete a la explotación del capital, directamente en las fábricas que brotan sobre la base de las máquinas, e indirectamente en todas las demás ramas industriales. Por tanto, aquí solo nos detendremos en un punto: la enorme mortalidad de niños de obreros en edad temprana. En Inglaterra hay 16 distritos en los que, de cada 100,000 niños que nacen mueren al cabo del año, por término medio, 9,000 (en uno de estos distritos, la cifra media es de 7,047 solamente), 24 distritos en los que la cifra de mortalidad es superior a 10,000. pero inferior a 11,000; 39 distritos, en los que oscila entre 11,000 y 12,000; 48 distritos en los que excede de 12,000 sin llegar a 13,000; 22 distritos en los que excede de 20,000; 25 distritos en los que la mortalidad rebasa la cifra de 21,000; 17, en los que excede de 22,000; 11, en los que pasa de 23,000; en Hoo, Wolverhampton, Ashtonunder–Line y Preston, la mortalidad infantil pasa de 24,000; en Nottingham, Stockport y Bradford, rebasa la cifra de 25,000; en Wisbeach, la de 26,000 y en Manchester la de 26,125.42 Según demostró una investigación médica oficial abierta en 1861, estas elevadas cifras de mortalidad se deben principalmente, si prescindimos de circunstancias de orden local, al trabajo de las madres fuera de casa, con el consiguiente abandono y descuido de los niños, alimentación inadecuada e insuficiente de éstos, empleo de narcóticos, etc., aborrecimiento de los niños por sus madres, seguido de abundantes casos de muerte provocada por hambre, envenenamiento, etc.43 En los distritos agrícolas, “donde el número de mujeres que trabajan alcanza la cifra mínima, la cifra de mortalidad es la más baja”.44 Sin embargo, la comisión investigadora de 1861 llegó a la conclusión inesperada de que en algunos distritos puramente agrícolas situados junto al mar del Norte el coeficiente de mortalidad de niños menores de un año, alcanzó casi la cifra de los distritos fabriles de peor fama. El Dr. Julian Hunter fue encargado de investigar sobre el terreno este fenómeno. Su informe figura anejo al VI Report on Public Health.45 Hasta entonces, se había supuesto que el paludismo y otras enfermedades características de comarcas bajas y pantanosas diezmaban la población infantil. Esta investigación condujo precisamente al resultado contrario, a saber: “que la misma causa que eliminaba el paludismo, o sea, la transformación de los suelos pantanosos en invierno y pastizales en verano en fecunda tierra triguera, era la que provocaba la extraordinaria mortalidad infantil”.46 Los setenta médicos en ejercicio interrogados por el Dr. Hunter en aquellos distritos, se manifestaron con “maravillosa unanimidad” acerca de este punto. ¿Qué ocurría? La revolución operada en el cultivo de la tierra llevaba aparejado el sistema industrial. “Un individuo que recibe el nombre de gangmeister y que alquila las cuadrillas en bloque, pone a disposición del arrendatario de las tierras, por una determinada suma de dinero, un cierto número de mujeres casadas, mezcladas en cuadrillas con muchachas y jóvenes. No pocas veces, estas cuadrillas se trasladan a muchas millas de distancia de sus aldeas; de amanecida y al anochecer, se les suele encontrar por los caminos; las mujeres, vestidas con falda corta y blusas, con botas y a veces con pantalones, son muy fuertes y sanas de aspecto, pero están corrompidas por este desorden habitual de su vida y se muestran insensibles a las fatales consecuencias que su predilección por este oficio activo e independiente acarrea para sus niños, abandonados en la casa”.47 Todos los fenómenos característicos de los distritos se repiten aquí, dándose en un grado todavía mayor los infanticidios secretos y el empleo de narcóticos para apaciguar a los niños.48 “Mí experiencia de los males que causan –dice el Dr. Simon, funcionario médico del Privy–Council inglés y redactor en jefe de los ‘Informes sobre Public Health’–, disculpa la profunda repugnancia con que contemplo todo lo que sea dar trabajo industrial en amplia escala a las mujeres adultas.”49 “Realmente” –exclama en un informe oficial el inspector fabril R. Baker–, será una dicha para los distritos manufactureros de Inglaterra el día en que se prohiba a toda mujer casada y con hijos trabajar en alguna fábrica.”50 bcngirls Sin embargo, el principio había triunfado, al triunfar en las grandes ramas industriales, que eran la criatura más genuina del moderno régimen de producción. El más ciego podía comprobar el maravilloso desarrollo de estas industrias desde 1853 a 1860, paralelo al cual discurría el renacimiento físico y moral de los obreros fabriles. Los propios patronos, a quienes se habían ido arrancando pulgada a pulgada, en medio siglo de guerra civil, las reglas y restricciones legales de la jornada de trabajo, se jactaban del contraste entre sus industrias y las ramas de explotación que seguían siendo libres.150 Ahora, los fariseos de la “economía política” proclamaban que la conciencia de la necesidad de reglamentar legalmente la jornada nada de trabajo era una de las conquistas e innovaciones más características de su “ciencia”151 Huelga decir que, tan pronto como los magnates patronales se sometieron a lo inevitable, reconciliándose con ello, la fuerza de resistencia del capital fue debilitándose gradualmente, a la par que la acometividad de la clase obrera crecía conforme iban multiplicándose sus aliados en capas sociales a las que el conflicto no afectaba directamente. De aquí los progresos relativamente rápidos operados desde 1860. relax marbella Pero la tierra necesita quien la trabaje, y, como en los dominios de su dueño no hay braceros, éstos tienen que venir desde lejos, de una aldea abierta, recorriendo muchas veces 3 millas, desde pueblos formados por gran número de pequeños propietarios de sus casas, adonde han ido a refugiarse después de ser destruidos sus cottages en las aldeas cerradas. Allí donde las cosas siguen este derrotero, el mísero aspecto de los cottages revela casi siempre la suerte a que están condenados. Los encontramos en las más variadas fases de ruina natural. Mientras el techo está en pie, se le permite al jornalero pagar la renta, y, por lo general, se siente muy contento de poder hacerlo, aun cuando tenga que abonar el precio de una vivienda en buenas condiciones. Pero, no hay que pensar en reparaciones ni mejoras, fuera de las que su misérrimo morador pueda introducir. Cuando, por fin, se hace de todo punto inhabitable, ya sólo es un cottage derruido más y, por tanto, un tributo de pobreza menos. Al paso que los grandes propietarios hurtan el cuerpo al tributo impuesto para los pobres, despoblando el suelo de su propiedad, la villa o la aldea abierta más cercana se encarga de recoger a los obreros desahuciados; pero esta aldea o villa más ´cercana` puede quedar a 3 ó 4 millas de la finca sobre la que han de encorvarse un día y otro los jornaleros. A su labor diaria, como si no fuese nada, se añade la faena de recorrer todos los días 6 u 8 millas para ganarse el pan cotidiano. Y en las mismas condiciones abrumadoras se realiza el trabajo ejecutado por la mujer y por los hijos. Pero no es éste el único mal que la distancia le impone. En estas aldeas abiertas, hay siempre especuladores que se encargan de comprar jirones de terreno y de cubrirlos lo más densamente posible con los tugurios más baratos que pueda imaginarse. En estas miseras viviendas que, aunque den al campo, comparten las características más horribles de las peores viviendas de la ciudad, se hacinan los obreros agrícolas de Inglaterra.102 Y no vaya a creerse tampoco que el jornalero albergado en la misma tierra que trabaja encuentra el albergue que merece su vida, consagrada al trabajo productivo. Aun en las posesiones más principescas, su cottage suele ser de lo más lamentable. Hay terratenientes que creen que una cuadra es sobradamente buena para los jornaleros y sus familias, sin perjuicio de procurar obtener de su alquiler la mayor cantidad de dinero posible.103 Aunque se trate de una choza en ruinas, con una sola alcoba, sin fogón, sin retrete, sin ventanas practicables, sin agua y sin huerta, el jornalero es impotente para rebelarse contra la injusticia. Las leyes de policía sanitaria (los Nuisances Removal Acts) son letra muerta. Su ejecución corre precisamente a cargo de los mismos propietarios que éxploran en arriendo estos tugurios… No hay que dejarse engañar por unas cuantas escenas un poco más luminosas; estas excepciones no deben hacernos perder de vista la avalancha abrumadora de hechos reales, que son un verdadero baldón para la civilización inglesa. Espantosa tiene que ser, en verdad, la situación para que, ante la palpable monstruosidad de las viviendas actuales, los observadores competentes lleguen al resultado unánime de que, a pesar de ser, en general, tan indecoroso, el bochornoso estado de las viviendas existentes representa un mal infinitamente menos abrumador que su escasez numérica. Desde hace varios años, el abarrotamiento de las viviendas obreras viene siendo motivo de honda preocupación, no sólo para quienes prestan atención a la salud, sino también para quienes se cuidan de la moral. Una y otra vez, y en términos tan semejantes que parecen estereotipados, los informes sobre la extensión de las enfermedades epidémicas en los distritos rurales no hacen más que denunciar el hacinamiento de la vivienda como la causa que hace fracasar inrremediablemente todos los esfuerzos realizados por contener los progresos de las epidemias ya iniciadas. Una y otra vez, se ha demostrado que, pese a las muchas influencias saludables de la vida del campo, esa aglomeración, que tanto acelera la expansión de las enfermedades contagiosas, fomenta también las enfermedades que no lo son. Y los que denuncian este estado de cosas no ocultan los otros males. Aunque su tema primordial sea la sanidad, se ven casi obligados a tocar también otros aspectos del problema. Al poner de manifiesto la frecuencia con que duermen revueltas (huddled) en el mismo cuartucho personas adultas de ambos sexos, casadas y solteras, estos informes tienen que expresar forzosamente la convicción de que, en tales condiciones, el sentimiento del pudor y de la dignidad sale profundamente quebrantado y la moralidad casi inevitablemente destrozada.104 Así, por ejemplo, en el apéndice a mi último informe, en su dictamen sobre el foco de fiebre de Wing, en Buckinghmshire, cuenta el Dr. Ord cómo se presentó allí, con fiebre, un hombre joven de Wingrave. Durante los primeros días de su enfermedad, este joven durmió en un cuarto con otras 9 personas. En dos semanas se presentaron varios casos de fiebre; a las pocas semanas, habían enfermado ya 5 personas de las 9 y una se moría. Y el Dr. Harvey, del St. George´s Hospital, que visitó Wing durante la epidemia, para ejercer allí su profesión de médico particular, me refirió otro caso idéntico: Una mujer joven, enferma de fiebre, pernoctaba en el mismo cuarto con su padre y su madre, un hijo natural, dos hombres jóvenes, hermanos suyos y sus dos hermanas: total, 10 personas. Algunas semanas antes, dormían en el mismo cuarto 13 niños.105 escort Madrid Los hechos reales, que el optimismo de ciertos economistas pretende disfrazar, son éstos: los obreros desplazados por la maquinaría se ven lanzados del taller al mercado de trabajo, donde van a aumentar el censo de las fuerzas de trabajo disponibles para la explotación capitalista. En la sección séptima, veremos que este efecto de la maquinaria, que se quiere presentar como una compensación para la clase obrera, es, por el contrario, el látigo más cruel que azota a los trabajadores. Aquí, nos limitaremos a poner de manifiesto lo siguiente: los obreros desahuciados de una rama industrial pueden, indudablemente, buscar acomodo en otro trabajo. Pero sí lo encuentran y, al encontrarlo, se reanuda el lazo roto entre ellos y los medios de vida que habían dejado disponibles, ello se conseguirá gracias a un nuevo capital suplementario, que pugna por encontrar empleo y no, en modo alguno, gracias al capital que ya funcionaba anteriormente y que ahora se invierte en maquinaria. Y aun en este caso, el mejor de todos, ¡cuán pobres son sus perspectivas! Mutilados por la división del trabajo, estos pobres diablos expulsados de su esfera de trabajo valen tan poco, que sólo pueden lograr acceso a unas cuantas ramas de trabajo inferiores y, por serlo, constantemente abarrotadas y mal retribuidas.130 Además, toda rama industrial atrae cada año una nueva afluencia de hombres, que le suministran el contingente necesario para cubrir las bajas y desarrollarse de un modo normal. Tan pronto como la maquinaria deja en libertad a una parte de los obreros que venían trabajando en una determinada rama industrial, el personal supletorio se distribuye también de nuevo y es absorbido por otras ramas de trabajo, mientras que las víctimas primitivas sucumben en su mayor parte y se hunden en la miseria durante el período de transición.

Hemos visto cómo se convierte el dinero en capital, cómo sale de éste la plusvalía y cómo la plusvalía engendra nuevo capital. Sin embargo, la acumulación de capital presupone la plusvalía, la plus­valía la producción capitalista y ésta la existencia en manos de los productores de mercancías de grandes masas de capital y fuerza de trabajo. Todo este proceso parece moverse dentro de un circulo vicioso, del que sólo podemos salir dando por supuesta una acumu­lación “originaria” anterior a la acumulación capitalista (“previous accumulation”, la denomina Adam Smith); una acumulación que no es resultado, sino punto de partida del régimen capitalista de producción. escorts marbella 142 En cambio, Ganilh expone como resultado de la maquinización la disminución absoluta del número de esclavos del trabajo, a costa de los cuales consigue de este modo vivir un número mayor de “gens honnêtes”, desarrollando sobre este sistema su consabida “perfectibilité perfectible”. Dicho autor, aunque no se le alcanza mucho de la dinámica de la producción, presiente por lo menos que si su implantación convierte a los obreros en mendigos, al paso que su desarrollo crea más esclavos que los que en un principio mató, la maquinaria es una institución fatal. El cretinismo que se encierra en el punto de vista de este autor sólo puede expresarse con sus propias palabras: “Los clases condenadas a producir y consumir disminuyen, y las clases llamadas a dirigir el trabajo y a socorrer, consolar e ilustrar a toda la población aumentan… y se apropian todos los beneficios que se derivan del abaratamiento del costo del trabajo, de la abundancia de mercancías y de la baratura de los artículos de consumo. De este modo, la humanidad se remonta hasta las obras más altas del genio, sondea las simas misteriosas de la religión, implanta los principios saludables de la moral [consistentes, sin duda, en “apropiarse todos los beneficios, etc.”], las leyes que amparan la libertad [¿la libertad para “las clases condenadas a producir?”] y el poder, la obediencia y la justicia, el deber y la humanidad.” Tomamos este galimatías de la obra Des Systèmes d’Économie Politique, etc., por M. Ch. Ganilh, 2ª ed., París, 1821, I, p. 224. Cfr. también p. 212. escorts barcelona Entre los años de 1849 y 1859 se produjo en los distritos agrícolas ingleses, coincidiendo con la baja de los precios del trigo, un alza de salarios, que, prácticamente considerada, no era más que nominal; en Wiltshire, por ejemplo, el salario semanal subió de 7 a 8 chelines, en Dorsetshire de 7 u 8 a 9, etc. Esto era efecto de la sangría extraordinaria sufrida por la superpoblación agrícola a consecuencia de la demanda de la guerra, la extensión en masa de las obras de construcción de ferrocarriles, fábricas, minas, etc. Cuanto más bajos son los salarios, mayor es el porcentaje que acusa toda subida, por insignificante que ella sea. Si, por ejemplo, el salario semanal es de 20 chelines y sube a 22, el alza es del 10 por 100; en cambio, si sólo es de 7 chelines y se aumenta a 9, registramos un alza del 28 4/7 por 100, que, a primera vista, parece muy considerable. Desde luego, los patronos pusieron el grito en el cielo y hasta al London Economist se le soltó la lengua hablando del “general and substancial advance”19 que representaban estos salarios de hambre. ¿Qué hicieron, en vista de esto, los patronos agrícolas? ¿Esperar a que los braceros del campo, animados por esta brillante retribución, procreasen hasta hacer bajar sus salarios, como se lo imaginan los dogmáticos cerebros de los economistas? ¡Nada de eso! Lo que hicieron fue introducir más maquinaría, y al instante quedó “disponible” un número suficiente de obreros, suficiente incluso para los propios patronos. Ahora, había “más capital” invertido en la agricultura y de un modo más productivo. Con ello, la demanda de trabajo no sólo descendía de un modo relativo, sino que descendía también en términos absolutos. http://www.boxbcn.com En 1863 se abrió una investigación oficial sobre las condiciones de sustento y trabajo de los delincuentes condenados a deportación y a trabajos forzados. Los resultados de esta investigación fueron recogidos en dos voluminosos Libros azules. “Comparando cuidadosamente –se dice aquí, entre otras cosas– la comida de los presos en las cárceles de Inglaterra y la de los pobres acogidos a los asilos y los jornaleros libres del campo, se llega al resultado indiscutible de que los primeros están mucho mejor alimentados que cualquiera de estas otras dos categorias”;91 en cambio, “la cantidad de trabajo que se le exige a un recluso de trabajos forzados viene a ser la mitad de la que rinde de ordinario un obrero agrícola”.92 ”Unas cuantas declaraciones testificales bastante elocuentes: John Smith, director de la Cárcel de Edimburgo, declara, con el número 5,056: “La comida, en las cárceles inglesas, es mucho mejor que la que se da generalmente a los jornaleros del campo.” Testigo 5,075. “Es un hecho positivo que los simples obreros agrícolas de Escocia rara vez comen carne.” Testigo núm. 3,047: “¿Hay alguna razón que obigue a dar de comer a los delincuentes mucho mejor (much better) que a los obreros del campo? Evidentemente, no.” Testigo núm. 3,048: “¿Cree usted conveniente seguir hacíendo experimentos para equiparar más la comida de los reclusos de trabajos forzados a la que se da a los jornaleros libres del campo?”93 “El jornalero del campo –dice el informe– podría decir: ahora, que trabajo con todas mis fuerzas, no puedo comer hasta saciar el hambre. Cuando estaba en la cárcel, trabajaba menos y tenía comida en abundancia. Conclusión: es preferible estar preso que en libertad.”94 He aquí un resumen comparativo basado en las tablas que acompañan al primer volumen de este informe: graficas salas saldaña Después de transcribir unas líneas de mi prólogo a la Crítica de la economía política (Berlín, 1859, pp. IV‑VII), en las que expongo la base materialista de mi método, el autor prosigue: discotecas en madrid Con ello, parecía que el asunto quedaba muerto y enterrado. Posteriormente, gentes que mantenían relaciones con la Universidad de Cambridge hicieron llegar a nosotros, por una o dos veces, rumores misteriosos acerca de no sé qué indecible tropelía literaria cometida por Marx en El Capital; pero, a pesar de todas las indagaciones, no fue po­sible averiguar nada en concreto. De pronto, el 29 de noviembre de 1883, a los ocho meses de morir Marx, aparece en el Times una carta fechada en el Trinity College de Cambridge y firmada por un tal Sedley Taylor, en la que, sin venir a cuento, este hombrecillo, criado dentro del más servil espíritu gremial, nos abría por fin los ojos no sólo acerca de las murmuraciones de Cambridge, sino también acerca del anónimo autor de la Concordia. guia ocio españa A la par que la producción y la acumulación capitalistas, y en idénticas proporciones, se desarrollan la concurrencia y el crédito, las dos palancas más poderosas de centralización de capitales. Además, los progresos de la acumulación aumentan la materia centralizable, es decir, los capitales individuales, mientras que la expansión de la producción capitalista crea, de una parte, la necesidad social, y de otra, los medios técnicos de esas gigantescas empresas industriales cuya viabilidad exige una previa centralización del capital. Por eso, hoy día, la fuerza mutua de atracción de los capitales individuales y la tendencia a la centralización son más potentes que nunca. Pero aunque la expansión e intensidad relativas del movimiento de centralización dependen también, hasta cierto punto, del nivel ya alcanzado por la riqueza capitalista y de la superioridad del mecanismo económico, los progresos de la centralización no obedecen, ni mucho menos, al incremento positivo de magnitud del capital social. Esto es lo que distingue de un modo especifico la centralización de la concentración, que no es más que una denominación distinta que se da a la reproducción sobre una escala ampliada. La centralización puede efectuarse cambiando simplemente la distribución de los capitales ya existentes, mediante un simple cambio operado en la agrupación cuantitativa de las partes que integran el capital social. Si el capital aumenta en proporciones gigantescas en una sola mano, es porque muchas manos se ven privadas de los suyos. Dentro de una determinada rama industrial, la centralización alcanzaría su limite máximo cuando todos los capitales invertidos en ella se aglutinasen en manos de un solo capitalista.11 Dentro de una sociedad dada, este límite sólo se alcanzaría a partir del momento en que todo el capital social existente se reuniese en una sola mano, bien en la de un capitalista individual, bien en la de una única sociedad capitalista. video de pisos 30 cottages –en unos 1,000 acres de tierra– albergaban de 130 a 140 personas. La parroquia de Bradenham abarca 1,000 acres; en 1851, constaba de 36 casas, con un censo de 84 hombres y 54 mujeres. Esta desigualdad de sexos se había nivelado ya en 1881, en que la población se componía de 98 hombres y 87 mujeres; es decir, que en diez años experimentó un aumento de 14 hombres y 33 mujeres. El aumento de casas fue de una.

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4 de Julio, 2008

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